pastoral juvenil vocacional

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El proyecto de PJV y la vocación cristiana

El objetivo principal de la PJV es procurar que “la persona sea conducida por el Espíritu Santo a cultivar su propia vocación según el Evangelio”. La PJV debe ayudar a los jóvenes a descubrir sus potencialidades y a reconocer el plan de Dios sobre ellos. Desde la maduración en la fe se presentará a los jóvenes los diferentes estilos de vida y las diferentes vocaciones eclesiales.

La vida cristiana en sí misma tiene un carácter esencialmente vocacional y su fundamento es el bautismo. A través del bautismo la persona queda incorporada al Misterio de la Salvación; la vocación a la santidad y la vocación al servicio de la salvación universal, manifiestan una doble y complementaria vocación. Por el bautismo hemos sido llamados a ser cristianos. Vivir la vocación cristiana es aceptar el plan de Dios sobre la persona.

Vivir esta vocación cristiana lleva consigo el seguimiento de Jesucristo, y éste se puede realizar de diversas formas o estilos de vida. Una de ellas es la vocación religiosa.
El carmelita en la PJV ayuda y acompaña al joven a descubrir sus propios valores y a orientar su vida hacia aquellos ministerios en la Iglesia para los que está siendo llamado por Dios.

 

La vocación a la vida carmelita

El carmelita vive “en obsequio de Jesucristo”, en actitud contemplativa, en comunidades orantes, fraternas y proféticas en medio del pueblo. En respuesta a su vocación, el carmelita, inspirado por María y el profeta Elías, busca:

  • Ofrecer a Dios un corazón nuevo y una recta conciencia (cf. Regla).
  • Vivir con los sentimientos de Jesús y servir a los hombres.
  • Manifestar el rostro de Dios en el mundo. El carmelita busca el rostro de Dios, leyendo las situaciones del hombre de hoy y poniéndose al lado de los más débiles.
  • Siendo testigo del encuentro con el Señor y actuando con un espíritu profético.

Y quiere ser una persona para quien:

  • Dios constituye un absoluto en su vida.
  • Orienta su trabajo apostólico favoreciendo la búsqueda de Dios, la vida de oración en el pueblo cristiano y el amor a María.
  • El amor es el constructor de la paz y de la fraternidad en oposición a la violencia.

La oración le transforma y libera y, a su vez, trata de liberar a los demás. Su compromiso de servicio con los más pobres es expresión concreta del deseo de vivir en obsequio de Jesucristo.